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Cientificos chiflados

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  • Alberto Mesquita Filho
    Olá Léo e demais ciencialisteiros Em resposta a sua msg Re: [ciencialist] Crackpot index ... ... ...reproduzo abaixo o texto. Apreciaria comentários de
    Mensagem 1 de 2 , 20 de nov 11h22min
      Olá Léo e demais ciencialisteiros

      Em resposta a sua msg "Re: [ciencialist] Crackpot index"...

      > Ainda não entendi 'na batatulina' a função básica dos crackpots e
      > anti-crackpots.
      > Apreciaria ler o seu texto em espanhol a respeito dos 'chiflados'.

      ...reproduzo abaixo o texto. Apreciaria comentários de todos, pois o tema é
      geral, interessante e polêmico.

      Obs.: Não sei se no original o "chiflado" (termo espanhol que pode
      significar "pateta", tanto que "Os três patetas" são conhecidos como "Los
      tres chiflados") corresponde ao que hoje os americanos chamam de crackpots
      ou pots, mas parece-me algo enquadrado na mesma categoria. Do espanhol para
      o português creio que a melhor tradução seria "cientista aloprado" ou,
      talvez, "cientista amalucado" pois embora aloprado reflita mais a idéia,
      parece-me ser gíria. Por outro lado, o termo cientista maluco é utilizado em
      português com outras conotações. Talvez seja melhor assumir o americanismo
      (crackpot).
      ______________________________________________


      CIENTÍFICOS CHIFLADOS
      Cómo reconocer a uno y qué hacer mientras llega el doctor.

      Jeremy Bernstein (1982), Observación de la Ciencia, cap. XIV, Fondo de
      Cultura Económica, México, 1988 (trad).


      Conservo en la memoria con bastante claridad, casi con cariño, mi primer
      encuentro con un chiflado. Tuvo lugar en la primavera de 1958. En ese
      entonces, yo era miembro en el área de física del Instituto de Estudios
      Avanzados de Princeton y había adquirido cierta reputación por mis hábitos
      de trabajo algo heterodoxos. Cada mañana llegaba al Instituto alrededor de
      las 8:30 y salía a eso de las 5:30 de la tarde, justo a tiempo para saludar
      a muchos de mis colegas más ortodoxos quienes llegaban al Instituto para
      desempeñar su trabajo nocturno normal. Recuerdo que había un joven
      matemático francês, muy notable, quien solía trabajar jornadas de veintitrés
      horas, y ocasionalmente nuestros horarios de trabajo coincidían --por otra
      parte, com excepción de los seminarios, yo era capaz de trabajar
      prácticamente sin parar durante las horas diurnas--.

      De qualquer forma, una mañana de primavera alrededor de las 9 de mañana,
      estando por terminar de leer el New York Times en mi oficina, sonó el
      teléfono del vestíbulo. (Era uno de los caprichos del difunto J. Robert
      Oppenheimer que los miembros júnior no debían tener teléfono en sus oficinas
      para no desconcentrarse, lo que trajo por consecuencia que se tuviera un
      solo teléfono en el vestíbulo para todo el piso, el que, huelga decirlo,
      molestaba a "todo mundo" cada vez que sonaba.) Era la secretaria de
      Oppenheimer informándome que me buscava una persona de algo así como una
      fábrica de calderas de la comunidade aledaña de Nueva Jersey. Le aseguré que
      debía tratarse de una simple equivocación, y estaba a punto de colgar cuando
      me dijo, con cierta insistencia: "No, es alguien que quiere verlo a usted".

      Cuando llegué al gran recibidor --en donde se solía tomar té por las
      tardes-- me saludó la secretaria de Oppenheimer, quien me presentó, sin
      mayor explicación, a un señor como de cincuenta años, creo que vestido com
      pantalones de mezclilla y una gruesa chamarra. Su apariencia era común y
      corriente a no ser por sus ojos, que parecían moverse independientemente uno
      del otro. Este efecto lo he observado en ciertas aves africanas de gran
      tamaño (El actor cômico inglés Marty Feldman también lo hace.) El señor me
      escudrinó con su ojo derecho mientras el isquierdo recorría pacíficamente el
      bosque de la parte de atrás del instituto, en el cual, dicho sea de paso, se
      veía a menudo por las tardes desaparecer, con un hacha, al célebre físico
      inglês P. A. M. Dirac, quien también estaba de visita ese año. (Dirac nos
      dijo que estaba haciendo un sendero en dirección a Trenton.)

      Después de lo que pareció una eternidad, el individuo repentinamente me
      perguntó: "¿Cuál es la velocidad del magnetismo?" Todo aquel ambiente
      semejaba mi examen oral del doctorado y por un momento alimenté la
      alucinación paranoica de que se trataba de un ardid de Oppenheimer para
      separar la cizaña del trigo entre nosotros. Le expliqué al tipo que si se
      refería a las ondas electromagnéticas en el espacio libre, éstas se
      propagaban a la velocidad de la luz. Volvió a reinar el silencio, y entonces
      dijo "Éste opera por magnetismo" --afirmación que no tuvo ningún comentario
      de mi parte, ya que no tenía la más remota idea de a qué se refería con
      "éste"--. Nuevo silencio y súbita pregunta, esta vez enfocando ambos ojos
      hacia mí: "¿Alguna vez ha visto un platillo volador?" Hube de admitir que
      nunca, desafortunadamente. Me explicó que uno había aterrizado cerca de su
      casa justo en las afueras de Trenton --que de ser cierto, era lo más
      interesante que había escuchado acerca de aquella comunidad durante mi
      ejercicio en Princeton-- y se hallaba convencido de que éste lo había
      logrado mediante magnetismo. Antes de adentrarnos más en la conversación,
      reapareció la secretaria de Oppenheimer y le dijo al tipo que el doctor
      Bernstein debia assistir a un importante seminario por lo que debía
      excusarlo. Más tarde ella me explicó que era la política del instituto
      proporcionar a todos los visitantes cierta clase de audiencia con objeto de
      evitar cualquier posible dificultad, y ya que se sabía que yo llegaba a mi
      oficina a una hora impía de la mañana, me había tocado en suerte tal tarea.
      Esto no volvió a repetirse durante los dos años que pasé en Princeton.

      En los anõs subsecuentes proseguí mis actividades dentro de la física sin
      tropezarme más que muy esporádicamente con chiflados. Pero cuando comencé a
      escribir sobre temas científicos para el público en general y, sobre todo,
      después de que escribí un artículo de divulgación sobre Einstein y la teoria
      de la relatividade para New Yorker, el escaso caudal de chiflados se
      convirtió en una especie de rio Niágara. Éstos se hacen presentes en
      tarjetas postales, cartas registradas y telefonemas. Sus comunicados llegan
      casi a cualquier hora del día, y no admiten un no como respuesta.
      Permítaseme dar dos ejemplos más bien recientes.

      Una noche, hace casi un año, sonó el teléfono em mi departamento. Era una
      llamada de larga distancia desde alguna parte del suroeste, de un señor a
      quien me referiré como X. (Existe un Y que pronto hará su aparición en
      escena.) X inició la conversación una vez que hubo verificado que yo era el
      autor de cierto libro acerca de la teoría de las partículas elementales.
      Declaró que en su opinión, este libro era una de las más grandes
      aportaciones al pensamiento moderno desde los Principia de Newton. Me asaltó
      el pensamiento "¿Qué querrá?" Pronto se aclaró la incógnita. Me informó que
      había escrito un amplio tratado, aún sin publicar, en el cual se resolvían
      cada uno de los problemas no resueltos em mi libro (una de las
      características de los manuscritos de los chiflados es que solucionan todo),
      y que además, para completar, contenía una teoría sobre el origen de la
      Luna. (Pensé en decirle "¿Su amada patria?", pero una segunda
      característica de los chiflados es que no tienen sentido del humor.) Huelga
      decir que quería que yo leyera este documento y que le enviara algún
      comentario. Una petición tal puede parecer bastante inocente, pero una vasta
      experiencia me ha enseñado que no lo es. En primer lugar, ningún chiflado
      quiere, o aceptará, una crítica honesta sobre lo que sea. Consideran que han
      resuelto el "problema", cualquiera que éste sea, y sólo buscan una
      aprobación. Aun cuando aceptara leerlo, ya no digamos comentarlo, un
      manuscrito tal hace que uno se exponga a interminables problemas. Algunas de
      las cartas escritas por los chiflados contienen listas de personas,
      frecuentemente prestigiosas, quienes han accedido a leer sus trabajos, y
      puedo imaginarme a estos desdichados ahogándose en un caudal de
      correspondencia cada vez más ofensiva de parte de dichos autores, los
      cuales pretenderán que han sido mal comprendidos o que sus ideas les han
      sido robadas por las mismas personas a quienes enviaron sus manuscritos.
      (Una tercera característica del chiflado es que está seguro de que todo
      mundo intenta robarle sus ideas.)

      Cortésmente, pero com firmeza, le dije al caballero que no tenía tiempo para
      leer su manuscrito (el difunto Wolfgang Pauli solía decirle a dicha clase de
      gente que su agudeza visual era muy débil y que el doctor le había prohibido
      leer mucho), y que de enviármelo tendría que regresárselo sin abrir. Pensé
      que esto era el fin de X. ¡Pero no! Casi seis meses más tarde, mientras
      continuaba mi año sabático en otra institución, recibí una llamada
      telefónica, nuevamente de la misma ciudad del suroeste pero esta vez de
      parte de Y. Me dijo que su amigo X había leído mi libro y lo consideraba
      como la mayor aportación al pensamiento humano desde... etcétera. También me
      dijo que la teoría de X acerca de la formación de la Luna pronto sería
      noticia de primera plana en los periódicos. (Una cuarta característica del
      chiflado es que está decidido a llegar a los periódicos a como dé lugar. Una
      reciente carta de alguien que "refutaba" la teoria de la relatividade de
      Einstein terminaba haciendo notar que si no obtenía una pronta respuesta
      enteraría a la prensa.) De nuevo le dije a Y que bajo ninguna circunstancia
      leeria el libro de X, y colgué. Pero ahí no concluyó el asunto. Hace sólo
      unas cuantas semanas recibí una carta de X informándome que para mí sería
      relativamente sencillo leer su libro, ya que "incluye alrededor de un 25% de
      dibujos y láminas". Estoy en espera de que en cualquier momento suene el
      teléfono y sea Z.

      Daré un último ejemplo, ya que se trata de una buena ilustración de lo que
      podría llamarse el chiflado solícito. Otra vez sonó el teléfono. Esta vez me
      hallaba en casa por la mañana, preparando una clase. La persona que llamaba
      comenzó por cerciorarse de que era yo quien había escrito acerca de
      Einstein. Debí haber dicho que no, pero uno nunca sabe, podría ser alguien
      que quisiera comprar los derechos cinematográficos. Me dijo que había
      resuelto el "problema del campo unificado", pero debido a que nunca había
      estudiado física buscaba un colaborador --me imagino que con el fin de poner
      los puntos sobre las íes. ¿Estaría yo dispuesto a colaborar con él, y de no
      ser así podría recomendarle a alguien? Bajo dichas circunstancias es
      tentador dar el nombre de un colega, pero es una estrategia contraproducente
      ya que los propios colegas se endilgarían a uno sus chiflados. Pronto se
      hizo evidente que este hombre estaba resuelto a formalizar telefónicamente
      la colaboración en ese momento, a menos que yo pensara en algo. Con
      desesperación le pregunté cuál era su campo de trabajo. Resultó que era
      asesor financiero. Entonces le pregunté si le parecería que alguien lo
      llamara a su casa a media mañana, al encontrarse ocupado tratando de dar
      asesoría financiera, y le pidiera que dejara todo a fin de dar principio a
      una inmediata colaboración para resolver un problema de física. Señaló que
      este caso era diferente: si yo realmente fuera honeste con mi trabajo,
      "dejaría" todo y lo escucharia ya que había resuelto EL PROBLEMA. (Una
      quinta característica de los chiflados es que emplean una gran cantidade de
      mayúsculas.) Le contesté que yo era lo suficientemente honesto y colgué. No
      se ha vuelto a saber de él, pero aún es pronto para ello.

      No obstante que éstos son ejemplos bastante típicos, plantean una pregunta
      interesante: ¿Existe la posibilidad de que alguns de estas personas "haya"
      resuelto algo y que, por no prestarle atención, se haya realmente perdido
      una oportunidad? Algunas veces imagino lo siguiente. Corre el año de 1905 y
      soy profesor de física en la Universidad de Berna. Suena el teléfono, y una
      persona a quien nunca había oído se identifica como un examinador de
      patentes de la Oficina Nacional de Patentes de Suiza. Dice que ha escuchado
      que doy conferencias sobre la teoria electromagnética y que ha desarrollado
      algunas ideas que podrían interesarme. Le pregunto con cierta arrogancia
      "¿Qué tipo de ideas?" Comienza por exponer algunas ideas extravagantes
      acerca del espacio y el tiempo. Las reglas de medir se contraen cuando se
      opnen en movimiento; un reloj en el ecuador camina a menor velocidad que uno
      idéntico colocado en el Polo Norte; la masa de un electrón se incrementa con
      su velocidad; la simultaneidad de dos hechos depende del marco de referencia
      del observador; y así sucesivamente. ¿Cómo habría yo reaccionado? Bueno,
      muchos contemporáneos de Albert Einstein habrían colgado el teléfono.
      ¡Después de todo, en 1905, Einstein no tenía siquiera un puesto académico!

      Suponiendo que hubiera tenido el buen tino de pedirle a aquel hombre una
      copia de su trabajo recientemente publicado, Zur Elektrodynamic bewegter
      Körper ("La electrodinámica de los cuerpos en movimiento"), ¿cómo hubiera
      podido saber que no se trataba de un trabajo donde se exponía una teoría
      disparatada? Opino que hay por lo menos dos claves para ello. En primer
      lugar, la teoría --en este caso, la teoria especial de la relatividad--
      cumple con lo que Niels Bohr llamaría después, en un contexto más general,
      el princípio de correspondencia. La teoria de la relatividad generaliza la
      mecánica newtoniana, pero, después de todo, la mecánica de Newton se adapta
      maravillosamente bien a un amplio dominio de fenómenos. Por ende, debe haber
      algún límite en el que las dos teorías se unan --o "correspondan"--. Una
      mirada al trabajo de Einstein de 1905 mostrará que en este caso el límite es
      cuando la velocidad de la luz resulta efectivamente infinita en comparación
      con las velocidades habituales con que uno tropieza en la mayoría de las
      aplicaciones. En consecuencia, las dos teorías dan esencialmente las mismas
      respuestas dentro de su dominio común de aplicación --referente a bajas
      velocidades--. Las teorías disparatadas, cuando llegan a ser teorías --un
      importante punto al que volveré--, generalmente comienzan y terminan
      flotando en el aire. No se relacionan de ninguna manera con cosas conocidas.
      Una teoría genuina y realmente novedosa puede aparecer, a simple vista,
      disparatada, pero toda teoría, cuando en verdad lo es, tiene este aspecto
      conectivo. En ese sentido una teoria novedosa --como la relatividad-- ya
      incluye un amplio legado de verificación: los mismos experimentos que
      verificaron a sus antecesoras también sirven para verificarla.

      La segunda clave a la que aludo es que, para decirlo con palabras de Pauli,
      las teorías extravagantes "ni siquiera son erróneas". Nunca he sabido de una
      teoría física extravagante que ofreciera alguna nueva predicción
      cuantitativa susceptible de verificarse o desmentirse. Generalmente este
      tipo de teoría está plagada de una confusa verborrea de términos como
      "energía", "campo", "partícula", "massa" y sólo Dios sabe qué más, todo ello
      adornado como árbol de Navidad. Si es que existen fórmulas en dichas
      teorías, normalmente son las fórmulas de teorías conocidas que el chiflado
      se proponer refutar. El trabajo de Einstein de 1905, a primera vista, parece
      estrambótico, pero está lleno de predicciones. Pide a gritos ser probado en
      los laboratorios.

      A este respecto, resulta interesante que la primera predicción novedosa de
      la teoría de la relatividad que se probó --a saber, la variación de la masa
      con velocidad-- haya estado "en desacuerdo" con el experimento. Einstein
      esperó, imperturbable, por varios años, hasta que se demonstró que los
      experimentos originales estaban equivocados; hubo una fuga en el sistema de
      vacío. De algún modo la teoría "debía" ser correcta --tan grande era su
      coherencia interna--. De la misma manera, quizás el acontecimiento más
      excitante que podría imaginar que ocurriera en la física, sería que un
      experimentador encontrara una falla en la teoría de la relatividad. Lo que
      realmente sería interesante es descubrir qué suposiciones de Einstein, si
      las hubiera, tendrían un margen reducido de validez. En esta empresa no
      requerimos los servicios de los chiflados.

      Existe, a propósito, cierto número de teorías cuasidisparatadas que merecen
      una especial mención ya que algunas veces resultan no serlo tanto. Hay gente
      que se las ingenia para descubrir simples fórmulas numéricas, generalmente
      de origen oscuro, que "se ajustam" a los datos. Por ejemplo, hace unos
      cuantos años, un matemático descubrió una complicada, pero extraordinaria
      fórmula para la llamada "constante de estructura fina": el parámetro
      numérico que mide la fuerza de la interacción electromagnética con materia
      eléctricamente cargada. Sus orígenes fueron --y aún creo que lo son-- más
      bien oscuros, y él mismo fue bastante modesto con respecto a todo el asunto;
      pero la fórmula allí estaba. Tal vez fue una coincidencia numérica, o quizas
      algún día resulte que tiene un profundo significado que aún nadie comprende.
      Lo único que puede hacerce cuando se nos presentan dichas fórmulas es
      ponerlas en el cajón de nuestro escritorio y ver qué sucede; al menos, eso
      es todo lo que yo puedo hacer.

      Habiendo dicho todo esto, se corre cierto riesgo al descartar a la ligera
      una parte de este tipo de correspondencia disparatada. No es raro recibir
      cartas que parecen muy extrañas pero, cuando alguien se toma la molestia de
      leerlas, resultan ser sinceras solicitudes de información. Una cosa es que
      alguien envíe el diseño de una máquina de movimiento perpetuo, el cual
      seguramente resultará erróneo, y otra es que alguien pregunte cómo, en
      principio, puede tenerse la certeza de que no existe tal cosa como una
      máquina de este tipo. ¿Cuáles son los límites de validez para las leyes
      termodinámicas aceptadas actualmente? Ninguno, hasta donde sabemos, pero es
      una pregunta que merece una respuesta seria. He entablado cierta
      correspondencia muy amena con personas que quieren saber las respuestas a
      preguntas como ésa. Contestar este tipo de cartas es una buena práctica para
      expresar las propias ideas científicas.

      Independientemente de cuáles otras intenciones tengan los chiflados, después
      de que se llega a tratar a varios de ellos, queda claro que lo que les
      interesa no es realmente hacer ciencia. No están preparados para aceptar la
      presión de las críticas científicas; cualquier crítica la consideran como
      una provocación y una amenaza. Los chiflados están buscando un ancla
      psicológica --algo que quizás podría porporcionarles un psiquiatra, pero no
      es plausible que se los porporcione un físico teórico--. En general, no
      parecen ser peligrosos --no obstante, sé de un caso en que una de estas
      personas hizo su aparición hace algunos años en las oficinas de la Sociedad
      Norteamericana de Física, disparando, y matando, a una secretaria porque
      habían ignorado sus ideas. Ya que esta gente ha llegado a imponerme su
      presencia de manera profusa, he realizado encuestas entre doctores de
      diversas tendencias en cuanto a las mejores tácticas para tratarlos. Su
      consejo principal ha sido que uno se zafe de la situación tan pronto como
      sea posible. No implicarse con dichas personas en situaciones que parezcan
      "divertidas" o en las que pueda ayudárseles. Una fórmula que he comprobado
      que funciona en la mayoría de los casos, es escribir una nota diciendo que
      aunque las ideas de la persona parecen interessantes, están fuera de nuestro
      campo de competencia --cualquiera que "éste" sea-- lo cual hace que seamos
      incapaces de expresar comentario alguno. Esto da resultado casi siempre.

      Existe un caso, y concluiré con él, en que lo mejor es no hacer nada; éste
      es el caso del chiflado injurioso. Hace algunos años, después de cada uno de
      los artículos que escribía para New Yorker, sobre cualquier tema, recibía
      una carta increíblemente injuriosa de un tipo de Nueva York. El motivo
      principal era comunicarme que yo era un fraude y el causante de que
      dilapidara su dinero por comprar la revista. Cuando recibí la primera de
      estas cartas acababa de empezar a escribir para New Yorker, y, teniendo poca
      o ninguna experiencia para tratar dichos asuntos, pregunté a algunos de los
      colaboradores más experimentados de la revista qué hacer. Me dijeron que lo
      ignorara y lo olvidara. En sus cartas subsecuentes, el tipo, además de
      zaherirme por ser um fraude, también me insultaba por no contestar sus
      cartas anteriores. Casi se volvió como aquellos clásicos chistes judíos
      referentes a la definición de "chutzpa". Finalmente, tuve una idea que
      propuse a uno de los directores superiores de la revista. Pensé que
      deberíamos tener una tarjeta impresa de elegante presentación com el
      logotipo de New Yorker de Rea Irvin, que contendría una sencilla frase
      impresa en cursivas de New Yorker, la cual rezaría: "En una reciente junta
      del consejo de directores de New Yorker se decidió cancelar su suscripción".
      Desafortunadamente, los directores pensaron que "ésta" era una chifladura.

      * * * * *
    • Luiz Ferraz Netto
      ... De: Alberto Mesquita Filho Para: Enviada em: segunda-feira, 20 de novembro de 2000 17:22 Assunto:
      Mensagem 2 de 2 , 20 de nov 15h07min
        -----Mensagem Original-----
        De: Alberto Mesquita Filho <albmesq@...>
        Para: <ciencialist@egroups.com>
        Enviada em: segunda-feira, 20 de novembro de 2000 17:22
        Assunto: [ciencialist] Cientificos chiflados


        Olá Léo e demais ciencialisteiros

        Oi Alberto,
        esse texto foi realmente o meu melhor presente de aniversário (hoje 20/11).
        Deveria ter tido a oportunidade de ler isso a alguns anos atrás. Teria feito
        muito mais por mim que um monte de porcarias de aulas teóricas sem
        significado final.
        Primeiro apreciei a coerência e desenvolvimento do texto sob o ponto de
        vista de uma 'narração didática' --- impecável --- início, propósito ---
        exemplificação ---análise --- opinião --- comportamento e finalização.
        Segundo, os comportamentos dia-a-dia de personagens famosas que conviveram
        com o narrador/divulgador.
        Terceiro, serviu para corrigir vários erros que cometo em algumas situações
        que nomearia de 'assemelhadas' --- em outro nível, porém eticamente
        correspondentes.
        Quarto, despertou-me várias dúvidas. E dúvidas são os lastros para a
        aprendizagem.
        Quinto, fiquei apreensivo se alguma vez não confundi uma boba pergunta de
        curioso com uma simples e boa pergunta.
        Sexto, acredito que, sem dúvida, o mundo tem muito mais crackpot do que
        cientistas teóricos. Será que os 'superdotados' não são meros crackpots de
        alguma área do conhecimento, usando suas próprias e ocultas técnicas para a
        resolução de problemas?

        Bem, agradeço o texto e espero aprender muito mais com os comentários da
        thread em andamento.

        []'
        Léo
      Sua mensagem foi enviada com êxito e será entregue aos destinatários em breve.